Monday, October 29, 2012

full moon: Silver Dollar Moon

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Silver Dollar Moon


Moonlight floods the room and won't let me sleep, the moon in the window, a big silver dollar. The All-Mighty Dollar, one might say, except that a single dollar won't buy much of anything anymore. But if one has many dollars — say millions, billions — they will buy a government, a country, and in this global age, a world to be eaten, devoured, its bones picked clean: its food poisoned, and torn apart and poisoned the soil that bears it; its water poisoned and dammed and sold for profit; its air poisoned by waste; fire made unholy by the bombs and missiles rained upon those who won't do as we want.

The supreme court of the land has decreed what we already knew: that money talks. And by some logic, I suppose, that talk is speech. And being speech, that it must be free of all restraint to have its say. And so, if you have a lot of dough, you may out-shout all others and drown their voices with your lies. That's what it said.

And now, with 40% of the nation's wealth in the hands of the 1% fortunate (or predatory) enough to have it, we face off in an unfair shouting match, with big voices the haves and the have-nots virtually mute, with many of the haves-some caught scared in the middle. These, though their some be much reduced and dwindling day by day, may refuse to believe that their some may come to none, and victims of their own myths and against their own interests, side with the filthy rich.

So it is, the moon reminds me, in this land of the free, this home of the brave. In the midst of the din, it may behoove us to stop our ears enough to think a bit and according to our lights choose between the Democrats (of some conscience and more responsive to the have-nots and haves-some) and the Republicans (totally committed to the haves). The choice is not as great as we would wish it (both are committed to the broken and unviable economics of Capitalism and empire) but it is very clear.

The indifferent moon, pitilessly depriving me of sleep, does not care a whit whether we live or die, go extinct as the dinosaurs or thrive. It is up to us and no one else; we must go out and occupy the voting booths throughout the land — and through them occupy the White House, the Senate, Congress, and all else. It is not a matter of the flip of a coin, penny or dollar (such implies equal impartiality; there is none) — it is a matter of will. We must, like this flood of moonlight in the room, with the vote occupy, occupy, occupy.



 © Rafael Jesús González 2012



 



Luna dólar de plata


La luz de la luna inunda el cuarto y no me permite dormir, la luna en la ventana un gran dólar de plata. El dólar todo poderoso, uno diría, excepto que un solo dólar ya no compra mucho de nada. Pero si uno tiene muchos dólares — digamos millones, billones — comprarán un gobierno, un país, y en esta época global, un mundo para ser comido, devorado, sus huesos dejados limpios: sus alimentos envenenados y rota y envenenada la tierra que los produce; su agua envenenada y represada para lucro; su aire envenenado con desperdicio; el fuego hecho impío por las bombas y misiles dejados caer sobre los que no hagan lo que queramos.

La corte suprema del país ha decretado lo que ya sabíamos: que el dinero habla. Y por alguna lógica me supongo, que el hablar es expresión. Y siendo expresión debe ser libre de toda restricción para tener su voz. Y bien, si tienes mucha pasta podrás gritar sobre todos y ahogar sus voces con tus mentiras. Eso es lo que dijo.

Y ahora, con el 40% de la riqueza de la nación en las manos del 1% afortunados (o predatorios) lo suficientemente para tenerla, nos enfrentamos en un partido de gritos desigual, con voces grandes los que tienen y los que no tienen casi mudos, con muchos de los que tienen algo cogidos por el miedo en medio. Estos, aunque su algo sea reducido mucho y menguando día por día, negándose creer que su algo llegue a nada y víctimas de sus propios mitos y contra sus propios intereses se aliñarán con los asquerosos de ricos.

Así es, me recuerda la luna, en esta tierra de los libres, este hogar de los valientes. En medio de la gritería puede que nos valdría la pena taparnos los oídos lo suficiente para pensar un poco y según nuestras luces escoger entre los Demócratas (de alguna conciencia y más sensibles a los sin nada y a los con algo) y los Republicanos (enteramente comprometidos a los que tienen). La opción no es tan grande como la quisiéramos (ambos son comprometidos a la economía rota e inviable del capitalismo y el emperio) pero está muy clara.

A la indiferente luna despiadadamente privándome del sueño no le importa una pizca si vivamos o no, nos hagamos extintos como los dinosaurios o prosperemos. Depende de nosotros y de nadie mas; tenemos que salir y ocupar las casillas de votación a través del país — y a través de ellas ocupar la Casa Blanca, el Senado, el Congreso y todo lo demás. No se trata de tirar una moneda, centavo o dólar (tal implica igualdad imparcial; no la hay) — se trata de la voluntad. Debemos, como esta torrente de luz lunar en el cuarto con el voto ocupar, ocupar, ocupar.



 © Rafael Jesús González 2012

Sunday, October 21, 2012

Scorpio

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---------Escorpión

El alacrán
---en sus ojos de ópalo
---guarda los secretos
---del agua inmóvil.
Eleva, tenaz, su cola de hierro
y su aguijón de topacio
refleja las luces rojas de Marte,
---las luces obscuras de Plutón.
Se esconde detrás del palo erecto,
------en la cueva húmeda;
y sabe los secretos del alma.


----------------© Rafael Jesús González 2012


----------------Scorpio

The scorpion
-----in its opal eyes
-----guards the secrets
-----of the immobile water.
It tenaciously raises its tail of iron
& its topaz sting reflects
----the red lights of Mars,
----the dark lights of Pluto.
It hides behind the erect pole,
---in the moist cave;
it knows the secrets of the soul.




-----------------© Rafael Jesús González 2012
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Friday, October 12, 2012

Día de la raza/Columbus Day


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El 12 de octubre es fiesta conocida en varias regiones y épocas por muchos nombres: Día de Colón, Día del descubrimiento, Día de la hispanidad, Día de las Américas, Día de la raza, Día de los pueblos indígenas.

En México en 1928 a la insistencia del filósofo José Vasconcelos, entonces Ministro de Educación, se le nombró Día de la Raza, denominación de la Unión Ibero-Americana en 1913 para declarar una nueva identidad formada del encuentro de los Españoles y los indígenas de las Américas. En 1902 el poeta mexicano Amado Nervo había escrito un poema en honor del Presidente Benito Juárez (indio zapoteca) que recitó en la Cámara de Diputados, titulado La Raza de Bronce alabando a la raza indígena, título que más tarde en 1919 el autor boliviano Alcides Arquedas daría a su libro. El bronce (metal noble fundido de varios metales) llegó a ser metáfora del mestizaje. Según el pensar de Vasconcelos una Raza Cósmica, la raza del porvenir, es la raza noble que se forma en las Américas a partir del 12 de octubre de 1492, la raza del mestizaje, un amalgama de las razas indígenas de las Américas, de los Europeos, los Africanos, los Asiáticos, las razas mundiales — en una palabra, la raza humana compuesta de una mezcla de todas las razas que Vasconcelos denominó la Raza Cósmica.



Pero no se puede ignorar que esta raza ideal se forma a gran costo de los pueblos indígenas Americanas (y de la gente africana traídos aquí como esclavos). Desde 2002, en Venezuela se le llama a la fiesta Día de la Resistencia Indígena.

Sea como sea, por cualquier nombre que le demos, de cualquier modo que la cortemos, es la misma torta — la fecha conmemora la llegada de los Europeos a América (que para ellos era un “nuevo mundo”), no una visita sino una invasión, un genocidio, subyugación de las gentes de ese “nuevo mundo” que hoy conocemos por el nombre de un cartógrafo Europeo que apenas pisó el suelo sagrado de los continentes que llevan su nombre. Lo que marca la fecha es una continua colonización, explotación, abuso, ultraje de los pueblos indígenas de las Américas que escasamente ha menguado, que ha persistido estos quinientos años y más.


Bien se le pudiera nombrar Día de la Globalización. A partir de ese día se comprueba concreta y definitivamente que la Tierra verdaderamente es redonda, una esfera, una bola, un globo. Y desde esa fecha se les trata imponer forzosamente a las gentes indígenas del “nuevo mundo” una cosmología, actitud bastante extraña (a mi modo de ver, equivocada) hacia a la vida, hacia a la Tierra, hacia a la economía, hacia a lo sagrado, hacia al ser humano mismo — una sola verdad estrecha e intolerante, un desdén rapaz hacia la Tierra vista solamente como un recurso para explotarse, un concepto del progreso difícil de distinguir de la codicia y el hambre del poder.

La causa de los indígenas clama por justicia: se les sigue robando sus tierras y terrenos, se los destruyen por sus valiosas maderas y minerales; sus creaciones agrícolas, tal como el maíz y la papa, que han salvado del hambre a gran parte del mundo, se modifican al nivel molecular y se controlan por corporaciones rapaces; sus medicinas tradicionales se patentan por esas mismas corporaciones; el agua sagrada misma se privatiza y se les roba; aun no se les respeta el derecho a sus creencias y culturas. Aun poniendo al lado la justicia, todos deberíamos aliarnos a las gentes indígenas de las Américas (y del mundo entero) en su resistencia contra tal abuso porque lo que los amenaza a ellas nos amenaza a todos en el mundo entero — y a la Tierra misma. Tienen muchísimo que enseñarnos acerca de una relación sana del hombre con la Tierra.

En una Tierra, mucho más chica y frágil de lo que imaginábamos, nos encontramos en plena globalización y pugna contra la imposición de un capitalismo desenfrenado y del fascismo, su lógica extensión, que lo acompaña. Sigue la resistencia indígena que jamás ha cesado durante estos cinco siglos y algo a pesar de una represión brutal y ahora todos nosotros de la raza cósmica de mera necesidad debemos aliarnos a su lucha, pues esa lucha es nuestra de todos si hemos de sobrevivir en la Tierra, bendita madre de nuestra estirpe, la estirpe de la raza humana — y de toda nuestra parentela los otros animales, las plantas, los minerales. En la Tierra redonda y sin costura son ficticias las fronteras y lo que amenaza a unos nos amenaza a todos. Pensar al contrario no es solamente inmoral sino locura.

Berkeley, California, 12 de octubre 2007


© Rafael Jesús González 2012
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-October 12 is a feast-day known in various regions and times by many names: Columbus Day, Discovery Day, Hispanic Culture Day, Day of the Americas, Day of the Race, Day of the Indigenous Peoples.

In Mexico in 1928 at the insistence of the philosopher José Vasconcelos, then Minister of Education, it was named Día de la Raza (Day of the Race), denomination of the Iberian-American Union in 1913 to declare a new identity formed by the encounter of the Spaniards with the native peoples of the Americas. In 1902, the Mexican poet Amado Nervo had written a poem in honor of the President Benito Juárez (a Zapoteca Indian), which he read in the House of Representatives, titled La Raza de Bronce (Race of Bronze) praising the indigenous race, title which later in 1919 the Bolivian author Alcides Arquedas would give his book. Bronze (noble metal amalgamated of various metals) came to be metaphor for mestizaje (the mixing of the races.) According to the thinking of Vasconcelos, a Cosmic Race, the race of the future, is the noble race that is formed in the Americas since October 12, 1492, the race of mestizaje, an amalgam of the indigenous races of the Americas, the Europeans, the Africans, the Asians, the world — in a word, the human race made of a mixture of all the races which Vasconcelos called the Cosmic Race.
 


But that this race is formed at great cost to the indigenous American peoples (and to the African peoples brought here as slaves) cannot be ignored. Since 2002, in Venezuela the feast-day is called Día de la Resistencia Indígena (Day of Indigenous Resistance.)

Be that as it may, by whatever name we give it, however way we cut it, it is the same cake — the date commemorates the arrival of the Europeans to America (which for them was a “new world”), not a visit but an invasion, a genocide, a subjugation of the peoples of that “new world” which we know today by the name of a European cartographer who scarcely set foot on the sacred ground of the continents that bear his name. What the date marks is a continuous colonization, exploitation, abuse, outrage of the indigenous peoples of the Americas that has scarcely lessened, that has persisted these five-hundred and some years.

It could well be called Day of Globalization. Since that date, the Earth is concretely, definitively proven to be truly round, a sphere, a ball, a globe. And from that date is imposed by force upon the indigenous American peoples a quite strange (in my view, mistaken) cosmology, attitude toward life, toward the Earth, toward economics, toward the sacred, toward the human being him/herself — a single truth narrow and intolerant, a rapacious disdain toward the Earth seen only as a resource to be exploited, a concept of progress difficult to distinguish from greed and the lust for power.

The cause of the indigenous peoples screams for justice: their lands, their fields continue to be stolen from them, destroyed for their valuable woods and minerals; their agricultural creations, such as maize and the potato, which have saved a great part of the world from famine, are modified at the molecular level and controlled by rapacious corporations; their traditional medicines are patented by those same corporations; sacred water is privatized and stolen from them; even their right to their own beliefs and cultures is not respected. Even putting justice aside, we should all ally ourselves with the indigenous peoples of the Americas (and of the entire world) in their resistance against such abuse because what threatens them threatens us all throughout the whole world — and the Earth itself. They have a very much to teach us about a healthy relationship of humankind with the Earth.

In an Earth much smaller and more fragile than we imagined, we find ourselves in full globalization and struggle against the imposition of an unbridled capitalism and the fascism, its logical extension, that accompanies it. The indigenous resistance that has never ceased these five centuries and some continues in spite of a brutal repression and now all of us of the cosmic race, of pure necessity, must align ourselves with their struggle, for that struggle is ours if we are to survive on the Earth, holy mother of our race, the human race — and of all our relations, the other animals, the plants, the minerals. On the round, seamless Earth all borders are fictitious and what threatens one threatens all. To think otherwise is not only immoral but insane.


Berkeley, California, October 12, 2007

© Rafael Jesús González 2012


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